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Cada vez que me pongo delante de vosotros, descubro una versión nueva de mí.

Cada presentación es diferente.

Aunque hable de los mismos libros, aunque cuente algunas de las mismas historias y aunque haya palabras que se repitan, nunca es igual.

Porque tampoco soy la misma persona que se puso delante de aquel primer público.

Al principio estaban los nervios, la inseguridad y ese miedo a quedarme en blanco, a no saber expresarme o a que mi voz delatara todo lo que estaba sintiendo.

Y hoy sigo teniendo nervios.

Pero algo ha cambiado.

Ahora disfruto más.

Miro a las personas que tengo delante, las escucho, me dejo llevar por el momento y ya no siento que simplemente estoy hablando de mis libros. Siento que estoy compartiendo una parte de mí.

Y hay algo que hace que cada presentación merezca especialmente la pena: el cariño de la gente.

Las miradas.

Las palabras después de la presentación.

Ese «gracias por contar esto».

Ese abrazo inesperado.

La persona que se acerca y me cuenta algo de su propia historia.

Alguien que me dice que se ha sentido identificado con una página, con una frase o simplemente con algo que he contado.

Y entonces recuerdo por qué empecé a escribir.

Porque quizá mis libros nacieron de momentos que me hicieron daño, pero hoy también me están regalando momentos que jamás imaginé vivir.

Y entre presentación y presentación me doy cuenta de que yo también estoy evolucionando.

Estoy aprendiendo a hablar delante de los demás.

A ocupar mi espacio.

A mirar a los ojos.

A contar mi historia sin sentir que tengo que esconderme detrás de ella.

A aceptar los nervios sin dejar que ellos decidan por mí.

Y creo que eso también forma parte de reconstruirse.

A veces pensamos que evolucionar significa dejar atrás quiénes éramos.

Y quizá no.

Quizá evolucionar es mirar a aquella persona que tenía miedo y decirle:

«Mira hasta dónde hemos llegado.»

Cada presentación me deja algo.

Y, sobre todo, la certeza de que detrás de cada libro hay personas.

Personas que escuchan, que sienten, que acompañan.

Por eso no sé cómo será la próxima presentación.

Probablemente será diferente.

Y ahora me gusta que sea así.

Porque cada vez que me pongo delante de vosotros, no solo presento mis libros.

También descubro una versión nueva de mí.

Y eso, sinceramente, es uno de los regalos más bonitos que me está dando este camino.

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