A veces lo más duro no es escribir un libro es aprender todo lo que viene después… Las presentaciones, la exposición, las personas que aparecen y desaparecen… los apoyos sinceros y también las decepciones… Porque cuando una pone el alma en algo tan personal, también queda expuesta a las emociones de los demás.
En estos meses he aprendido que crear no es solo publicar páginas. Es sostenerse emocionalmente en medio de opiniones, egos, silencios, malentendidos y relaciones que cambian. Y aun así, seguir adelante.
Muchas veces detrás de una presentación hay horas de trabajo invisible, nervios, ilusión y una enorme vulnerabilidad. Hay personas que llegan para sumar, otras que se quedan en el camino y otras que, simplemente, te enseñan en quien no volver a confiar. Pero si algo tengo claro, es que nadie puede quitarle valor a lo que nace desde la verdad. Mi verdad, mi vida, mis sentimientos, mis miedos…
Sigo creyendo en el diálogo, en compartir con la gente, en mirar a alguien a los ojos después de una charla y sentir que una historia también le ha tocado por dentro. Eso sigue compensándolo todo.
Estoy aprendiendo a poner límites, a cuidar mi trabajo y también mi imagen, mi espacio y mi paz. Porque escribir desde la emoción no significa aceptar cualquier cosa ni permitir a nadie que te infravalore.
Y aun con todo, volvería a hacerlo. Porque hay algo más fuerte que cualquier conflicto: la necesidad de contar, de transformar el dolor en palabras y de encontrar, en medio del caos, personas que sienten exactamente igual que tú.
Gracias por estar, por escuchar y por apoyar.

Deja un comentario