Written by

Hay algo que descubrí desde que empecé a presentar “No me rompí del todo”: el momento más importante no ocurre cuando alguien compra el libro. Ocurre después.
Cuando alguien se acerca y empieza una conversación.

Porque al final, las presentaciones no van solo de hablar de páginas, capítulos o firmas. Van de personas, de historias que se cruzan, de silencios que alguien por fin se atreve a romper…

Cada presentación me deja algo distinto. A veces una frase, una mirada… alguien que me dice: “pensaba que solo me pasaba a mí”.

Y ahí entiendo que escribir este libro tuvo sentido.

He vivido conversaciones que no esperaba. Personas que terminan contándome cosas muy íntimas… Gente que llega con timidez y acaba hablando de heridas, de cambios, de miedos, de empezar de nuevo… Y también de fuerza y motivación.

Lo más bonito es que nunca siento que haya una distancia entre quien escribe y quien lee.
Se crea un diálogo real, cercano. De esos que hoy en día cuestan tanto encontrar.

Muchas veces me preguntan qué me está aportando esta etapa. La respuesta es sencilla: conectar con personas que quizá nunca habría conocido. Conectar conmigo misma y con historias que me recuerdan constantemente que nadie está tan solo como cree.

Hay personas que llegan con una sonrisa y terminan emocionándose. Otras llegan emocionadas y terminan riéndose. Algunas simplemente quieren darme las gracias. Otras necesitan hablar, necesitan contar algo que quizá llevaban mucho tiempo guardándose.

He escuchado historias de superación, de pérdidas, de ansiedad, de cambios radicales, de relaciones que rompieron a alguien por dentro y también de momentos en los que alguien decidió reconstruirse. He hablado con personas que se sentían perdidas, con otras que estaban empezando de cero, y con muchas que simplemente necesitaban sentirse comprendidas por alguien.

Y de repente entiendes que un libro puede abrir conversaciones que normalmente no tendríamos. Y algo que me emociona profundamente es escuchar tantas veces frases como: “Pensaba que solo me pasaba a mí”, “Ojalá hubiera leído esto antes”, “Gracias por poner en palabras cosas que yo no sabía explicar”… Ahí es cuando siento que todo cobra sentido. Porque escribir siempre tuvo algo muy solitario. Pasas horas contigo misma, con tus pensamientos, con tus recuerdos, con tus dudas. Y durante mucho tiempo no sabes realmente si lo que estás escribiendo llegará a alguien de verdad. Pero luego llegan estos encuentros y entiendes que sí.

Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de escribir un libro: descubrir que, una vez publicado, ya no te pertenece del todo. Empieza también a formar parte de las personas que lo leen, lo sienten y lo comparten contigo.

Gracias a todos los que os acercáis, preguntáis, habláis, escucháis y os abrís conmigo en cada presentación. Sin daros cuenta, vosotros también estáis escribiendo parte de esta historia.

También me está enseñando mucho sobre mí misma, cómo he cambiado. Sobre cómo hablo ahora de cosas que antes me costaban muchísimo; algo que nació desde una parte muy personal de mi vida ha terminado convirtiéndose en un espacio compartido con muchísimas personas.

Y quizá eso sea una de las cosas más especiales de publicar un libro: llega un momento en que deja de pertenecerte únicamente a ti.

Cada persona lo interpreta desde su historia, desde sus heridas, desde su momento vital. Y el libro empieza a vivir de maneras distintas en cada lector. Eso me parece increíble.

A veces salgo de una presentación agotada físicamente, pero emocionalmente llena. Porque me llevo conversaciones que me acompañan después. Me llevo nombres, abrazos, palabras y reflexiones que permanecen mucho más allá del evento.

Y sinceramente, creo que eso vale muchísimo más que cualquier número de ventas.

Porque al final lo verdaderamente importante no es solo vender un libro. Es lo que ese libro genera. Lo que mueve. Lo que despierta.

Y si algo estoy aprendiendo en cada presentación es que compartir nuestra historia puede ayudar más de lo que imaginamos.

Así que gracias. 🤍🤍🤍

Gracias a cada persona que viene, escucha, pregunta, comparte y se abre conmigo. Gracias a quienes se acercan con nervios y terminan hablando desde el corazón. Gracias a quienes leen el libro y encuentran en él una parte de sí mismos.

Sin saberlo, vosotros también estáis construyendo esta historia conmigo.

Y probablemente eso sea lo más bonito de todo.

Deja un comentario