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Hoy es domingo y me encuentro un poco pensativa, entre lo que he vivido, lo que recuerdo, lo que no comprendo a día de hoy todavía y lo que seguiré cuestionando cada vez que lo tenga que volver a ver, oír o aguantar.

Siempre hablamos de las relaciones tóxicas con los hombres, pero también hay un punto muy duro y muy fuerte que es que después de una ruptura, a ese hombre se le “junte” una persona tóxica, porque entonces la toxicidad se multiplica por dos. Y eso rompe distinto.

Porque por fuera te proteges, pero por dentro… por dentro no sabes ni cómo vives.

Yo no me rompí solo por lo que viví. Me rompí por lo que tuve que aguantar, callar… Por los ojos que veían y las bocas que callaban, por los oídos que escuchaban y las manos que no estuvieron para ayudarme. Por las palabras que nunca llegaron. Por el abrazo que necesitaba… y nunca llegó.

Intentar sostenerte , mientras hay señalamiento, juicio… es un desgaste constante.

Mensajes. Indirectas. Comentarios en redes.

Palabras lanzadas con intención de hacer daño. De remover. De empujar un poco más hacia abajo… a alguien que ya estaba cayendo.

Una mujer que hablaba de mí como si lo supiera todo. Como si tuviera derecho a algo.
Como si mi dolor fuera un espectáculo.

Para ella lo era… Acoso disfrazado de opinión.
Crueldad envuelta en “yo solo digo la verdad”, “ yo opino”…

Y no se queda en una pantalla. También en el trabajo. En miradas. En esa sensación constante de estar siendo juzgada, medida, atacada… sin descanso.

Como si mi caída fuera necesaria para que ella se sintiera más grande.

Y luego está la otra cara de la moneda, porque a mi la lotería no me toca, ahora esta clase de personas, me tocan a pares…

Cuando la mujer que debería ver… no ve…

Tu das. Cuidas. Sostienes.

Tu crías, acompañas, estás presente cada día…
y aun así, no solo no se reconoce… sino que se cuestiona. Se te falta al respeto, se te insulta, se te increpa, y tienes que callar y seguir haciendo la función de “madre” mientras aguantas faltas de respeto.

Se te invalida. Se te ataca. Como si todo ese amor no existiera. Como si no importara.

Y tú aguantas. Porque ya vienes cansada.
Porque ya vienes rota. Y llega un momento en el que entiendes algo: no todo el daño viene de donde te dijeron que vendría; a veces viene de quien comparte tu mismo lenguaje, tu mismo rol, tu mismo lugar… Y eso duele más.

Pero también te das cuenta de que las prioridades de estas personas no son el bienestar de los que cuidamos, si no de ellas mismas, de quedar por encima de ti a toda costa, como si tuviesen la necesidad de pisotearte para sentir que son alguien en esta vida.

Creo que sobrevivir a esto no es salir sonriendo. Es salir sabiendo quién estuvo y quién no; quién decidió hacerte daño cuando ya estabas en el suelo.

Yo estuve ahí. Señalada. Cuestionada.Expuesta.

Y aun así… no desaparecí. Me quedé.

Y eso —aunque nadie lo entienda—
también es sobrevivir. 🤍

En mi próximo libro habrá un espacio para lo que no se dice sobre esto, para el daño que se tapa, para poner palabras donde durante mucho tiempo solo hubo silencio.

María Timiraos 🤍

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