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Hay algo que descubro con cada presentación de mi libro, y es que no solo voy a contar una historia, voy a reencontrarme conmigo misma.

Cada vez que hablo de lo que viví, vuelvo a ese lugar donde todo pesaba demasiado. A cuando la depresión no era una palabra, sino una forma de existir. A cuando mis pensamientos me superaban, mis emociones me desbordaban y yo sentía que todo se me iba de las manos.

Durante mucho tiempo, vivir fue eso: intentar sostener algo que se rompía constantemente dentro de mí.

Y sí, también estuve ahí. En ese punto en el que aparece la idea más oscura. La de no querer seguir. La de pensar que desaparecer sería más fácil que seguir sintiendo así.

Decirlo en voz alta sigue siendo difícil. Pero también es necesario.

Porque si hoy puedo hablar de esto, es porque hubo un momento en el que algo cambió. No de golpe, no de forma mágica. Pero sí lo suficiente como para hacerme parar y pensar: “así no puedo seguir”.

Y ahí empezó todo.

Recapacité. A mi manera, con miedo, con dudas, sin tener claro qué iba a pasar. Pero lo hice. Fui capaz de reconocer que necesitaba ayuda. De pedirla. De dejar de luchar sola.

Acudir al médico no fue rendirme. Fue todo lo contrario. Fue uno de los actos más valientes que he hecho en mi vida.

Fue elegir cuidarme. Fue elegir quedarme.
Fue elegir intentar estar bien, aunque en ese momento no supiera cómo.

Y eso es lo que me llevo de cada presentación.

No solo el poder compartir mi historia, sino el recordatorio constante de que hubo una versión de mí que, aun rota, decidió luchar. Que no se dejó llevar por esa idea final. Que encontró una razón para quedarse: mis hijos. Eso siempre pesaba más que cualquier otra cosa, por muy negro que fuese el día.

Además, pasa algo muy especial: mi historia deja de ser solo mía… y pasa a ser de todos los que allí están, cada uno tiene parte en ella.

Se convierte en un espejo, en un refugio, en un “yo también” que aparece en los demás. En miradas que entienden sin necesidad de explicar. En silencios que acompañan.

Por eso siento que es tan importante dar voz a estos temas. Porque el silencio pesa. Porque esconderlo duele más. Y porque hablar puede ser el primer paso para salvarse.

Este espacio, cada presentación, cada charla… también me sana. Y si puedo ayudar aunque solo sea a una persona compartiendo mi experiencia ya he cumplido mis expectativas.

Si algo he aprendido de todo esto, es que incluso en los momentos más oscuros, una parte de nosotros sigue buscando quedarse.

A veces es pequeña, casi imperceptible. Pero está.

Yo la escuché a tiempo.

Y hoy, cada vez que cuento mi historia, no solo recuerdo lo que viví… celebro la decisión que lo cambió todo: la de no rendirme, la de pedir ayuda, la de elegirme.

Porque aunque hubo un momento en el que sentí que se me escapaba la vida, también hubo otro en el que decidí sostenerla.

Y desde ahí, poco a poco, empecé a volver a mí.

Hoy 10 de abril, quiero dar las gracias a la Biblioteca de As Pontes por abrir este espacio para poder presentar mi historia, por apostar por conversaciones que importan y por dar voz a realidades que muchas veces se silencian.

Y a cada persona que estuvo allí. Por escuchar desde el respeto, por la cercanía, por cada mirada, cada silencio compartido y cada palabra que sumó.

Porque lo que se creó no fue solo una presentación, fue un lugar seguro por un rato.

Gracias por estar, por sentir y por hacer que todo esto tenga aún más sentido.

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