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Si algo he entendido con los años es que el bullying no empieza con una agresión grande.

Empieza con pequeñas cosas normalizadas.

Empieza cuando no enseñamos a los niños a identificar lo que sienten.

Cuando no hablamos de vergüenza.

Cuando no hablamos de miedo.

Cuando no enseñamos a gestionar la frustración.

Deberíamos enseñar:

– Que reírse de alguien no es carácter, es falta de empatía.

– Que el silencio también es una forma de violencia cuando miras hacia otro lado.

– Que la sensibilidad no es debilidad.

– Que la autoestima se construye, pero también se destruye.

Y sobre todo…

Que cada palabra deja huella.

Porque un comentario repetido durante años

no se queda en el patio del colegio.

Se queda en la identidad.

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